
Un equipo de investigación de prestigiosas instituciones científicas, entre ellas la UNAJ, desarrolló esta práctica innovadora en América Latina y el mundo que ya fue aplicada con éxito en más de 2.000 pacientes. Son apósitos elaborados a partir de membrana amniótica esterilizada, en un formato similar a una curita, que las personas pueden aplicarse en sus domicilios.
El tratamiento se basa en apósitos elaborados a partir de membrana amniótica esterilizada y se coloca sobre heridas complejas que exudan. El apósito se embebe en esa exudación, se integra a la herida y libera una gran cantidad de factores regenerativos. Cada aplicación se renueva cada 72 horas y puede hacerlo el propio paciente en su domicilio, con la asistencia de un familiar y previa enseñanza del médico tratante.
El insumo se desarrolló en Argentina a través del banco de tejidos Amnios BMA -habilitado por Incucai, Cucaiba y ANMAT-. Esta ONG cumple una función social muy importante ya que provee el 74% de lo que se produce a hospitales públicos, en su gran mayoría sin cargo.
El tratamiento y la investigación son resultado de una tarea colectiva y en red. El equipo está conformado por especialistas de diversas disciplinas científicas, entre ellos, un graduado en Bioquímica de la UNAJ. El trabajo de investigación se realiza en el Centro de Medicina Traslacional, Hospital El Cruce (CEMET-HEC), y está conformado por investigadores e investigadoras de la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ), Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas “Norberto Quirno” (CEMIC), Banco de Tejidos AMNIOS y el Instituto de Estudios Inmunológicos y Fisiopatológicos (IIFP-CONICET).
María Ximena Guerbi, primera autora del artículo científico recientemente publicado, docente e investigadora de la UNAJ destacó en ese sentido: “Sin el trabajo en red de médicos que participan de la ONG generando el producto, de científicos que trabajamos en la mesada y articulamos en conjunto con todo el equipo de salud para poder llevar esas respuestas a los pacientes, esto queda únicamente en una publicación, que por supuesto es sumamente importante, pero es un logro académico que, para nosotros, no es suficiente. Esto tiene que llegar a las personas”.
Originalmente, la membrana amniótica se utilizaba criopreservada, esto es, congelada a -80°C. El banco de tejidos del Hospital Garrahan, creado en el año 2000, fue pionero en su producción bajo esta modalidad, aunque su transporte resultaba complejo —debía trasladarse en hielo seco— y su uso quedaba limitado al quirófano.
A partir de ese antecedente, se desarrolló una nueva versión: la membrana liofilizada, a la que se le retira el agua, se esteriliza y se envasa en un ambiente libre de contaminantes. Este formato, que se asemeja a “una curita”, tiene tres años de vida media a temperatura ambiente y simplifica notablemente el tratamiento, ya que evita la necesidad de quirófano y de traslados con cadena de frío.
El banco de tejidos lleva tratados a más de 2.000 pacientes hasta el momento, personas que iban camino a la ceguera por problemas de córnea, y pacientes con heridas complejas como úlceras en pie diabético o lesiones por accidentes; cuadros que en su mayoría derivaban en amputación.
El tratamiento no solo es innovador sino que busca cumplir una función social. “No es lo mismo que le amputen una pierna a alguien que puede acceder a una prótesis de última generación, que a una persona que no tiene ni para tomarse el colectivo. Esa es la idea que tenemos nosotros», planteó Alejandro Berra, Director de investigación traslacional del Banco de Membrana Amniótica Amnios BMA, en relación al objetivo de garantizar el acceso al tratamiento a pacientes sin recursos.
Investigación para el uso terapéutico
El estudio sobre los mecanismos del tratamiento comenzó en 2020, cuando la membrana amniótica ya se utilizaba en heridas complejas —particularmente úlceras de pie diabético— pero aún no se comprendía del todo por qué generaba una evolución tan favorable; cuáles eran los mecanismos que estaban ocurriendo para generar esa notable mejoría.
Griselda Moreno, docente de la UNAJ e investigadora del equipo, explicó: “Nosotros ponemos la lupa en cómo es la liberación de los factores biológicos y activos, cuáles son esos factores, cuáles son los procesos, para ir comparando y consolidar el uso cada vez más en la terapéutica, en la clínica: eso es lo que investigamos.”
Entre los hallazgos, el equipo identificó que la membrana amniótica promueve “la vascularización de los tejidos neoformados”, lo que permite que se produzcan células nuevas y se genere un tejido funcional de mejor calidad que el logrado con tratamientos convencionales. También observó que los macrófagos -células que guían el proceso de regeneración- muestran una respuesta menos inflamatoria bajo este tratamiento, lo que se asocia a una cicatrización más rápida, detalló Guerbi.

Corte de la biopsia representativo del tejido del paciente al final del tratamiento con membrana amniótica. En B se ve el colágeno. del tejido bajo luz blanca. En zona izquierda se muestra con luz polarizada los distintos tipos de colágeno en el tejido que se está generando. En color rojo se ve el colágeno tipo 1, y hacia color verde, el colágeno tipo 3. Cuanto más colágeno tipo 1 (rojo) se presenta en la dermis, mejor es estructuralmente.
Desarrollo nacional y accesible
Uno de los casos que impulsó esta línea de investigación fue el de un paciente oncológico atendido por Jimena Rodrigo -integrante del equipo de investigación y médica del CEMIC- que tenía una úlcera extensa y no quería someterse a más intervenciones quirúrgicas. Como la superficie de la herida lo permitía, la médica decidió tratar en simultáneo dos sectores de la misma lesión con terapias distintas: uno con colágeno bovino, el tratamiento convencional que prepara el lecho para un injerto, y otro con el apósito de membrana amniótica. Al observar que el sector tratado con membrana no sólo preparaba la superficie de la herida para un injerto, sino que avanzaba en un proceso de cicatrización más eficiente, la médica decidió extender ese tratamiento a toda la herida.
A lo largo de ese proceso, se tomaron biopsias que permitieron al equipo de investigación evaluar marcadores moleculares de expresión génica: indicadores que muestran en qué etapa está la cicatrización —inflamación, reparación del tejido o reorganización de la matriz extracelular— y que permiten comparar objetivamente el tratamiento convencional frente al derivado de membrana amniótica.
El equipo busca ahora ampliar el uso del tratamiento incluyendo, además de las heridas de piel, otro tipo de lesiones como las musculares o tendinosas. “Más allá del avance científico, se trata de un desarrollo de producción íntegramente nacional y accesible. Y si podemos hacer posible el acceso a la salud o a calidad de vida con un producto de producción nacional, tenemos que hacerlo”, resumió Griselda Moreno.
En la misma línea Guerbi remarcó: “En el Hospital El Cruce hay equipamiento de vanguardia y muchas veces un gran desafío que tenemos los científicos en Argentina es el financiamiento para los recursos. No sólo es tener el equipo, sino poder tener los reactivos, poder tener el software, poder utilizar toda esa maquinaria que está disponible y no siempre se le saca el mayor jugo posible”.
Actualmente, el tratamiento se aplica en distintos puntos del país. Lo utilizan entre 15 y 20 centros a nivel nacional. En el conurbano bonaerense, los principales efectores son el Hospital El Cruce, el Hospital de Esteban Echeverría y el Hospital Posadas, entre otros. El equipo continúa evaluando otros hospitales de la provincia de Buenos Aires para poder incorporarlos como centros receptores, priorizando siempre a pacientes de bajos recursos.
Amnios: amniosresponde@gmail.com
Comunicación Amnios: 11-6703-7421
Artículo publicado:
Guerbi, M. X., Rodrigo, J. M. D. P., Rotela, M. F., Comito, R. A., Vogel, E., Portiansky, E. L., … & Michelini, F. M. (2026). Human Amniotic Membrane Dressing as a Non-Surgical Alternative for Extensive Chronic Ulcers: A Comparative Case Study. International Journal of Molecular Sciences, 27(11), 4655. DOI: https://doi.org/10.3390/ijms27114655


