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Por Romina Pérez. Abogada (UBA). Docente de la UNAJ e Investigadora del PIGOPP. Jueza de Faltas Nº1 de Florencio Varela.

Desigualdad de géneros y derechos: hacia la construcción de un nuevo pacto social

Los pactos sociales que constituyeron las bases de nuestros ordenamientos jurídicos actuales, y que se remontan a la Revolución Francesa, la Revolución Industrial y la Independencia de EEUU, sostuvieron el principio de la universalidad, pero ésta fue solo una proclamación engañosa y vacía de contenidos, toda vez que las mujeres, las minorías sexuales, los negros, los esclavos, los indígenas y los pobres nunca entraron dentro de esa idea. Esto significó que todos estos grupos se vieron excluidos de ejercer la ciudadanía, y de reclamar derecho alguno, aunque pesaban y pesan sobre ellos múltiples obligaciones.

Los principios “Libertad, Igualdad y Fraternidad” con los que se embanderó la Revolución Francesa, devienen totalmente abstractos cuando recordamos que Francia por entonces, comercializaba esclavos negros, y que la igualdad y fraternidad eran solo concebidas entre hombres blancos, ricos y libres. La feminista Olympe, que había luchado, como tantas otras mujeres codo a codo con los hombres en las calles de París durante la Revolución Francesa, se chocó dramáticamente con esta realidad cuando fue condenada a la guillotina tras denunciar la proclama androcentrista de los Revolucionarios y proponer una “Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana”

Esta exclusión de las mujeres en los pactos sociales obedece a una larga historia de ubicarlas como sujetos jerárquicamente inferiores, apelando como justificativo a su emocionalidad, fragilidad o incompletitud, muchos de los más renombrados pensadores griegos y posteriormente la iglesia católica les otorgaron a los sujetos femeninos roles ligados al hogar y lejos del ámbito público, de los lugares de decisión y formación, se las considero incompatibles con la razón, virtud asignada al género masculino, se las asoció a satán y se las quemó en hogueras. Más tarde, la ciencia también reforzó esos estereotipos y se esmeró en demostrar esta inferioridad “científicamente”. Entonces, las mujeres quedaron excluidas de los pactos sociales en tanto no fueron consideradas como sujetos, sino como objetos, una mera propiedad, que junto con la tierra y las riquezas los hombres se distribuyeron, a su vez, ellos establecieron un ordenamiento jurídico que les negó a ellas capacidad, ciudadanía, patria potestad, bienes, estudios, posibilidad de elegir representantes y ser electas para cargos públicos entre otras cuestiones.

Para Carole Paterman, hay un pacto anterior al social que es el pacto sexual, a través del cual se reorganizó la estructura social patriarcal de la modernidad. Diana Maffia ampliando esta tesis, sostiene que el pacto anterior al pacto social fue moral, toda vez que no solo quedaron excluidas las mujeres, sino muchos otros sujetos y sujetas. En este sentido, no puede soslayarse que aún cuando las masculinidades sub alternas quedaron excluidas del ejercicio pleno de sus derechos, igual detentaron poder sobre sus mujeres, lo que se traduce en que las mujeres pobres, negras, indias, etc., siempre estuvieron en una posición jerarquicamente inferior a los hombres pobres, negros, indios, etc.

Ser mujer es una construcción cultural, el género lo usamos para referirnos a una construcción socio cultural, donde el Patriarcado estructura el poder jerarquicamente, esta estructura actúa como una maquinaria simbólica en la cual las mujeres están por debajo de los hombres. Es un proceso histórico que se desarrolla en los Estados, en el mercado, la escuela, la familia, donde al trabajo y a las actividades masculinas se les atribuye valor, en tanto que las femeninas son gratuitas, como el trabajo domestico o las taras de cuidado, o menos valiosas, encorsetadas en techos de cristal imposibles de romper.

Es innegable que los cuerpos definen los derechos, en nuestro ordenamiento jurídico, los cuerpos masculinos ideales o hegemonicos son la norma, un territorio soberano que no precisa regularse, es el ideal, el punto de partida, en cambio si encontramos normas especificas para otros cuerpos, regulando que, como y cuando pueden hacer o no hacer, son cuerpos regulados los de los incapaces, los niños, los ancianos y por supuesto los cuerpos femeninos o gestantes, estos últimos siempre han sido territorio político, un espacio que las normas han delimitado, recortando autonomía para decidir sobre el mismo. La mayoría de las violaciones a los derechos humanos que sufren las mujeres se sustentan en el hecho de ser mujeres, y estas violaciones muchas veces se encuentran amparadas en el ordenamiento jurídico, un claro ejemplo es el caso del art 88 de nuestro Código Penal que establece pena de prisión de uno a cuatro años a la mujer que se causare su propio aborto.

El derecho ha sido y es un instrumento de dominación, por eso es necesario visibilizar el sistema patriarcal del derecho, reclamando el fin de la reproducción de desigualdades y el pleno reconocimiento de todes les habitantes del territorio Argentino, el uso de un lenguaje no androcentrista, el reconocimiento de autonomía y soberanía sobre los cuerpos gestantes, la inclusión social, económica y política de todos los grupos excluidos, y todas las demandas a las que las democracias occidentales aun no dan respuesta cabal.

Es cierto que en nuestro país, con la llegada al gobierno del nuevo poder político nacional y popular, se han desplegado una enorme cantidad de políticas públicas con perspectiva de género, y que la agenda legislativa también tiene una mirada mas abierta a las demandas feministas, pero el camino recién comienza, aun persisten grandes desigualdades sociales, políticas, morales y económicas entre la vida de las mujeres y los hombres, el Patriarcado es una enorme maquinaria que se encuentra arraigada profundamente en cada rincón de nuestra vida cotidiana, el feminismo en tanto movimiento que reconoce como sujetos de derechos a todes aquelles que históricamente han sido subalternizades respecto al varón hegemonico debe seguir avanzando firmemente para edificar los cimientos de una Patria inclusiva. Debemos trabajar en la construcción de un nuevo Pacto en el cual la justicia social y los derechos de las mujeres, las minorías y las diversidades sean indisolubles, no puede existir justicia social sin el efectivo uso y goce de derechos para todos, todas y todes, y donde la paridad sea la regla y no la excepción en todas las instituciones, en los cargos públicos electos y no electos, en cada ámbito de desarrollo personal y profesional y donde el pilar de la democracia sea una identidad social construida desde la igualdad real y no una expresión meramente declarativa.

Universidad Nacional Arturo Jauretche
Calchaquí 6200 (1888), Florencio Varela, Pcia. de Buenos Aires, Argentina
Tel: +54 11 4275-6100 | www.unaj.edu.ar

ISSN 2545-7128

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