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Por Lic. Nayla Pisani. Docente del Taller de Tesis de Grado de la Lic. En Trabajo Social, UNAJ

Receta para escribir una tesis de grado durante la pandemia

Comenzar a escribir para cumplir cualquier consigna en el ámbito académico nunca es tarea sencilla. Requiere de tiempo, predisposición, algún dispositivo tecnológico y un acervo de conocimientos que permitan elaborar alguna producción. Sin embargo, parece que es algo más que eso. Por ejemplo, algunos autores mencionan que hay otros elementos en juego, además de los cognitivos, que tienen que ver con la motivación y los elementos emocionales en el proceso de escritura[i]. Tampoco puede dejar de pensarse en la creatividad como fuente para aportar soluciones originales a problemas determinados o a transformar con ingenio lo que ya se tiene[ii].

Ninguno de estos “requisitos” para escribir son nuevos, pero lo que nos desafía fuertemente es el contexto de incertidumbre, apatía, melancolía o sensación de desesperanza que puede provocar el aislamiento social. Este artículo se propone reflexionar acerca de las dificultades al momento de comenzar una producción académica compleja como una tesis de grado y plantear algunas estrategias para sortear estas dificultades en el contexto actual.

La instancia de escritura del trabajo final de una carrera como Trabajo Social supone un gran reto que puede parecer inabordable. Unx se hace numerosas preguntas antes y durante el proceso: ¿sobre qué puedo escribir?, ¿qué me interesa?, ¿por dónde empiezo?, ¿qué voy a decir?, ¿voy por buen camino?, etc. La interacción con docentes y compañerxs estimula ideas, suscita nuevos interrogantes e intercambios que enriquecen y colaboran con esta ardua tarea. Sin embargo, en una situación como la actual en la que la interrelación humana está sumamente restringida, estos encuentros entre pares y profesorxs no es tan dinámica. Peor aun cuando falta el punto de partida (la idea) y luego el combustible que convierte a esa idea en un trabajo académico: la motivación.

A partir de mi experiencia como estudiante de grado y luego como docente del Taller de Tesis de la Licenciatura en Trabajo Social, considero que hay algunas sugerencias que pueden ser de utilidad para las más típicas dificultades. La primera, no desesperar. Ante la pretensión de que surja en nuestra mente una brillante y original idea olvidamos que éstas suelen aparecer de manera espontánea, sin mayor esfuerzo. Por más increíble que parezca, una trivial novela de televisión puede ser fuente de un tema de investigación relevante para el ámbito académico y enriquecedor para nuestra formación. Pero, ¿qué hacer cuando esa esperada idea no ocurre? Una posibilidad es recordar algún tema, clase o texto que nos haya generado placer o interés. Quizás no represente con total seguridad aquello que se va a estudiar, pero vale la pena darle la posibilidad a ese recuerdo de que se convierta en un proyecto que haga algún aporte de índole científico. En ese momento, hay que ponerse a indagar y leer. Se trata de rescatar, por lo menos un fragmento de idea que revista de cierto interés y nos permita empezar.

Cuando ya logramos ese primer paso, puede pasar que la sensación de desorden y amplitud de conceptos nos abrume. ¿Cómo ordeno toda la información? ¿Qué elijo de todo lo que me interesa? En este punto, recomiendo que sigas guardando la calma y tengas esto presente: todo no se puede, hay que recortar. Del gran tema seleccionado se recupera una pequeña porción que es la que se va a elaborar y re-elaborar varias veces en todo el proceso. Es algo que parece sencillo pero no lo es y más aún, resulta imprescindible. Básicamente, determina la viabilidad de la investigación, así que no debe escatimarse en recortar. Lo que quede por fuera, puede ser ampliado en otra oportunidad.

Si ya se logró plantear una idea que luego pudo ser traducida en una pregunta-problema, después viene otro gran desafío: lograr llevarla a término en un formato de tesis de grado. Para poder atravesar la tarea, que requiere de mucha lectura, paciencia, escritura y, a veces, trabajo de campo, se necesita estar motivado. La más difícil de adquirir y sostener es la motivación intrínseca, aquella que supone el interés genuino del estudiante por sentarse a escribir, en oposición a la extrínseca, la cual se alimenta de la obligación de cumplir con las evaluaciones académicas[iii]. Si pensamos a este tipo de trabajos finales como una reproducción de ideas que otros intelectuales ya plantearon se incurre en un grave error, no sólo como estudiantes, sino como futuros profesionales. Esto sucede porque hay una asociación (razonable) entre la tesis de grado y el cumplimiento obligado del requisito para recibirse. Pero no debería ser tan así.

Si consideramos a esta elaboración académica como una construcción de conocimiento la perspectiva cambia y podemos ayudar a que la motivación no se pierda. En otras palabras, ante la falta de voluntad o de ganas para empezar y sostener el esfuerzo resulta de utilidad comprender que esta instancia es una buena oportunidad para hacer una contribución original a la ciencia. Seguramente, dentro de todo lo que aprendiste en tu formación universitaria, a partir de experiencias laborales o de investigación previas, en función de tu intuición como futuro profesional, entre otros insumos, haya algo que quieras construir para luego compartir en el ambiente académico. Considerado de esta forma, se le puede disminuir ese peso de obligación y trabajo aburrido a una producción que tiene un nombre, apellido y toda una trayectoria sumamente compleja que excede la mera cognición o aprehensión de conocimientos.

Ahora bien, además de todas estas conocidas dificultades al momento de escribir, en el tiempo presente se le suman nuevas: el aislamiento, la ausencia del estímulo que supone la interacción humana, los problemas en la distribución del tiempo destinado al trabajo, la familia y las tareas del hogar, etc. Es totalmente comprensible que unx pueda sentirse solx en este proceso que tiene mucho de autodidáctica. Sin embargo, ante estas sensaciones te sugiero que tengas mucha paciencia y aconsejarte que esgrimas algún plan o estrategia que te ayude a planificar los pasos a seguir. Por lo tanto, además de la paciencia es muy necesario que recurras a la disciplina. Aprender requiere de repetición y arduo trabajo. Sería soñado poder aprender cualquier cosa de forma instantánea, sin esfuerzo y que ese aprendizaje nunca sea olvidado. Pero esto desafortunadamente no es así. Así que cuando comiences este proceso, de forma paciente y siempre reconociendo las pequeñas victorias, planificá tus horarios, organizá los pasos a seguir y llená aquellos casilleros ya logrados para seguir avanzando. Es muy útil establecer plazos máximos de lectura o cualquier otra tarea y tratar de mantener la motivación con el foco puesto en que lo que estás haciendo es una contribución de tu autoría. Este es un ejemplo de esquema planificador (que podría ser construido de otra forma) que ayuda a ordenar todo lo que hay que hacer:

A modo de cierre, otro de los aspectos más enriquecedores es ir compartiendo tus avances. Mientras persista el contexto de aislamiento social, enviale a tus compañerxs, docentes que te puedan leer o amiguxs qué es lo que estás haciendo. Pediles su opinión y permeá tu mente para poder, en algún momento, concluir un trabajo que, aunque no pierda su carácter de obligatorio, es, en realidad, la concreción efectiva de toda tu formación, en la que están condensados tus conocimientos pero también tus intereses, personalidad y emociones.

Notas:

[i] Caso-Fuertes, A. M., García-Sanchez, J. N. (2006), “Relación entre la motivación y la escritura” en Revista Latinoamericana de Psicología. V. 38, nº 13. Bogotá. Colombia.

[ii] Velásquez Burgos, B. M.; Remolina de Cleves, N.; Calle Márquez, M. (2010), “La creatividad como práctica para el desarrollo del cerebro total” en Tábula Rasa. Nº 13. Bogotá. Colombia.

[iii] Caro, Sebastián (2015), “La escritura académica. Estrategias de enseñanza para motivar el interés en la escritura” en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación. Nº XXV. Buenos Aires. Argentina.

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