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Por Bárbara García Godoy, Licenciada en Trabajo Social, especializada en salud pública. Profesora e investigadora UBA y UNAJ. Ex Presidenta de FAUATS. Integrante de la Red Argentina de Investigadoras e Investigadores de Salud (RAIIS).

Interpelaciones para el Trabajo Social en tiempos de pandemia

Estamos atravesando un momento sin dudas excepcional y vertiginoso, el mundo entero se encuentra transitando una pandemia provocada por el virus Covid 19 que ha enfermado ya a más de un millón y medio de personas, y provocado la muerte de cientos de miles. El Trabajo Social como disciplina de las ciencias sociales analiza con particular interés y preocupación los procesos que devienen en este presente, pero además – con la potencia que lo caracteriza- interviene en ellos.

Este breve texto pretende compartir una serie de reflexiones que en estos días de “aislamiento social obligatorio” recorren mis pensamientos en tono de interrogación, con ansias por comprender algo de este inesperado presente, y de anticipar algo del devenir, impregnada por la sensación de lo inacabado, de aquello en proceso, y por tanto incierto. También con el registro de que aquello que nos sucede no es pura externalidad, sino que de nuestra propia acción devendrá en parte aquello por venir, y con la complejidad que reviste que esa acción además de individual es -sobretodo- colectivo. Y en ese tránsito nuestro presente y nuestro destino, se construyen.

En Argentina, el nuevo escenario nos encuentra en un momento de suma complejidad, tras cuatro años de gobierno de la alianza del Pro, cuyas políticas promovieron una radicalización del neoliberalismo en nuestro país. De tal modo, lograron un endeudamiento de una dimensión nunca vista, al mismo tiempo que los sectores concentrados de la economía (particularmente, los vinculados al capital especulativo) incrementaron sus ganancias de manera sideral. La reorientación de las políticas del estado hacia los sectores más poderosos, en simultáneo con la baja o retracción de prestaciones dieron lugar a una situación de crisis social y de debilitamiento institucional

Las medidas tomadas en los tres primeros meses del gobierno del Frente de Todos, bajo la presidencia de Alberto Fernández, estuvieron orientadas a la renegociación de una deuda impagable en el corto plazo, y a reconstruir condiciones institucionales para poner en marcha el aparato estatal bajo la lógica de restitución de derechos en sus diferentes planos.

En este sentido, y entre tantas otras decisiones, se dispuso rápidamente la restauración de los Ministerios de Salud, de Ciencia y Tecnología, y de Trabajo, que habían sido desjerarquizados por la gestión de Macri con la consecuente limitación de juego político-institucional con recursos y autonomía para la gestión.

La llegada de la pandemia a Argentina, sorprendió entonces en el momento de una muy incipiente reconstrucción de lo público estatal, y de renegociación de la deuda.

Entre 2015 y 2019 el Trabajo Social Argentino desempeñó un papel importante, tanto por su participación activa en distintas instancias de reclamo ante la derechización de las políticas públicas, intentado aportar visibilidad sobre los procesos que se iban desarrollando, como en el acompañamiento a los sectores más perjudicados de nuestra sociedad.

Participación en gremios, en movimientos sociales, en espacios políticos, en universidades, en asociaciones profesionales y/o académicas, fueron ámbitos de nucleamiento y rearticulación permanente de nuestro colectivo profesional, buscando tanto comprender los nuevos modos en que el neoliberalismo capturaba prácticas y subjetividades, como desarrollar prácticas y estrategias que tensionaran esas lógicas y atendieran de alguna manera las necesidades sociales.

Hubo una rápida y urgente revisión de las experiencias transitadas en los años 90´y post crisis del 2001, tamizando aquello que podía recuperarse de lo que se presentaba diferente en esa nueva etapa crítica. Allí, la dimensión de lo asistencial fue redimensionado, y las lógicas institucionales problematizadas.

También los espacios de encuentro y organización disciplinar fueron fortalecidos, en la búsqueda y necesidad de reflexión, de procesamiento ante tanto retroceso y de generación de estrategias de intervención.

A partir de diciembre de 2019 sobrevino una nueva etapa, que inmediatamente dejó a la vista que la gravedad del despojo era aún mucho mayor que lo imaginado. Y también un incipiente y vertiginoso proceso de redireccionamiento de las políticas sociales que nos convocó a lxs trabajadorxs sociales a diferentes tareas y roles, siendo el principio rector la urgente restitución de derechos cercenados. La alimentación, la educación y la salud volvieron a estar en las prioridades del país.

Y en eso, llegó la pandemia.

Y se abrió un nuevo tiempo que nos interpela en los distintos escenarios donde nos encuentra.

Interpela a las políticas públicas y a las capacidades estatales de reaccionar en simultáneo en distintos planos, con creatividad y decisión.

Interpela las lógicas territoriales y los modos de articulación de los actores sociales y políticos territoriales.

Interpela los modos de intervenir en situaciones prioritarias o urgentes-en un contexto de “aislamiento social preventivo y obligatorio”- que se nos presentan a diario cuando nos encontramos ante situaciones de violencia de género, maltrato infantil, con adultos mayores en residencias estatales, o en escuelas que sostienen la cobertura alimentaria, en programas u organizaciones que trabajan con población en situación de calle, en centros de salud y hospitales, en equipos de salud mental en guardias, en espacios de gestión de las políticas sociales, por ejemplo.

También como docentes universitarixs, con el desafío de sostener un vínculo pedagógico a distancia, con insuficientes recursos tecnológicos disponibles para todxs, y sin una formación específica para ello.

Vamos advirtiendo como paulatinamente adquiere mayor visibilidad social la desigualdad, cómo lo que se presenta con apariencia simple o lineal – que atraviesa a todos por igual – lo hace en forma diferente, y las complejidades que implica para grandes sectores vivir el mismo, pero a su vez diferente, aislamiento.

Este escenario también pone en agenda la necesidad de repensar el control y sus dispositivos, el lugar de lo virtual y las formas de seguimiento que se validan para intervenir en el marco de los lineamientos establecidos por la política sanitaria.

También invita a repensar con cierta urgencia cómo opera en el mundo de lo real el concepto de otredad, que parte de la construcción de un nosotros diferente. En un sentido general se pone en evidencia que la clave para el resguardo personal es la acción responsable de ese otro, y a su vez nos implica en la propia responsabilidad hacia ese que es diferente a uno. ¿Cómo somos cuidados, cómo cuidamos? El discurso gubernamental tiene como soporte y refuerza permanentemente la idea de que el otro es imprescindible para la propia existencia, poniendo así en cuestión la esencia misma del liberalismo. Ello se visibiliza por ejemplo en el ritual diario de los aplausos al personal de salud cada día. Como contracara también se observan algunas reacciones públicas sostenidas en la idea de peligrosidad, como vemos en los hostigamientos a personal de salud por parte de algunos vecinos.

Este tiempo entonces nos encuentra en la construcción de un modo de comprensión de lo que sucede, y sobre todo de enunciación. Sabemos que el valor de una palabra puede operar como designio, con el peso de la estigmatización, pero también como posibilidad de reparación. Observamos y transitamos cambios en la vida cotidiana, en donde la dimensión del vínculo social se reconfigura inevitablemente. Y por ello tenemos la necesidad de actualizar y compartir conocimientos, de ampliar miradas, de recuperar experiencias.

Y sin dudas surge la necesidad de pensar un futuro, al mismo tiempo que advertimos que este tiempo dejará huellas, o marcas, que además de inscripciones subjetivas, singulares, serán fundamentalmente sociales.

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